Ella enciende un cigarrillo.
-No fumes, es malo.-Le replica él.
-Me gusta fumar, respétalo.-Rechista.
Una calada, dos, tres...otro cigarrillo.
-¡Basta! Dame la cajeta.
-¿Por qué? Déjame. Soy yo la que fuma, no te obligo a que lo hagas tú.
-Pues por eso. Sofía, no quiero que fumes. Quizás sea un poco egoísta por mi parte, pero no quiero ver como poco a poco te vas yendo. Mírate, tus dientes ya no son blancos, tu voz ya no es dulce y armoniosa...
-No me puedes pedir esto. Fumar es... mi único vicio.
-Pero ponte en mi lugar, ¿Te gustaría ver como me muero poco a poco?
-No, claro que no.
-¡Pues deja de fumar!
-No, no lo voy a hacer. Lo siento.
-Bien, como quieras.- Él coge un cigarro, lo enciende y le da una pequeña pero intensa calada.-Ya veremos quien rie el último.
No hay comentarios:
Publicar un comentario